Nosotros, Reflexiones

Entre tinieblas

Hace unos días estuve en el oftalmólogo porque llevo varias semanas con una infección en un ojo.

El caso es que me dilataron las pupilas durante varias horas para hacerme una exploración completa y el resultado fue que estuve bastante tiempo sin ver bien.

Y fue en la sala de espera, con los ojos cerrados (me dijeron que los cerrara porque me mareaba) mientras esperaba a que se dilataran mis pupilas donde se me ocurrió este post.

No me hables que no te veo

Apenas veía, me mareaba porque todo estaba ligeramente borroso y cuanto más intentaba enfocar, peor me sentía ¡qué dolor de cabeza! Cuando me hablaban no sabía muy bien de dónde salía la voz. Era como si además de la vista me hubiera afectado al oído o hubiera perdido facultades…Y me daban ganas de decir: ¡No me hables que no te veo!

Es curioso como cuando no vemos bien, parece que tampoco oímos. Al menos, a mí me pasa.

Entre tinieblas

Esta sensación me hizo pensar que muchas veces vamos por la vida “entre tinieblas”, sin ver con claridad lo que nos rodea. Oimos voces que nos hablan, pero no sabemos de dónde salen.

Creo que a todos nos ha pasado esto alguna vez y, de manera especial, cuando nos alejamos de Dios.

Esto me hizo darme cuenta de la maravilla que supone el don de la fe y la confianza en nuestro Padre del Cielo.

Bendita claridad

Si creemos en el Evangelio y en que verdaderamente somos hijos de Dios, el camino se allana, las tinieblas se disipan y llega la claridad a nuestras vidas. ¡¡Bendita claridad!!

En la fe nos pasa igual que cuando te dilatan las pupilas. A veces no vemos, otras nos negamos a ver, pero cuando confiamos en la voluntad de Dios y no en la nuestra, la nitidez llega a nuestros ojos, a nuestros oídos y a nuestro corazón y nos sentimos dichosos.

Dichosa me sentí yo cuando por fin, recuperé la vista ese día, cuando me puse las gafas y no me mareaba, cuando podía ver todo lo que me rodeaba y podía escucharlo sin problemas…¡qué maravilla! Como maravilloso es creer y confiar en que se haga su voluntad y no la nuestra.

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